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Efectos del Brexit en Irlanda

Aunque el mundo camina de manera ineludible hacia una visión más global, con menos fronteras tanto reales como virtuales, hay ciertos países que parecen empeñados en levantar muros y alejarse del resto. La decisión de Reino Unido de abandonar la Unión Europea después de décadas de pertenecer a esta organización y de verse beneficiada por ella en gran medida fue un jarro de agua fría para los europeístas, que están comprobando como en los últimos tiempos son varios los países miembros que ponen en duda la viabilidad de la Unión. Reino Unido siempre ha sido uno de los países más tibios a la hora de participar en las decisiones comunes. Su condición de isla apartada del continente, su relación bilateral con Estados Unidos y su inflexible decisión de mantener sus reservas propias y su moneda frente al Euro han ido horadando poco a poco las relaciones con los demás países, hasta que la salida de la UE era inevitable.

Tras el referéndum en el que se votó SI al Brexit de forma mayoritaria, Reino Unido y la Unión Europea han tenido que negociar y  matizar acuerdos para que finalmente esta escisión se lleve a cabo de la manera más fluida y amistosa posible. No han faltado las dudas y deslealtades, por supuesto, pero al final la salida del Reino Unido de la Unión Europea se hizo oficial el 1 de enero de 2021, después de meses de postergarla, sobre todo por culpa de la pandemia. El Brexit marcará de forma definitiva las vidas de los británicos en estos próximos años, pero no solo de ellos, sino también de sus vecinos irlandeses, el único país de toda la Unión Europea que mantiene una frontera física con Reino Unido. El territorio de Irlanda del Norte se ha visto afectado por esta decisión, aunque no tan negativamente como cabría esperar. Sin embargo, en el resto de Irlanda las dudas y la incertidumbre provocadas por la salida de su vecino del conglomerado europeo ha traído mucha cola.

Consecuencias económicas y prácticas de Brexit

El Brexit supone la salida a todos los efectos del Reino Unido de la Unión Europea, una decisión que el país británico tomó de forma unilateral después de consultar a sus ciudadanos, que aceptaron esa salida por un margen muy pequeño. De hecho, en algunos territorios como Irlanda del Norte o Escocia el NO al Brexit se impuso, pero no logró un peso suficiente como para desequilibrar a su favor la balanza. Las consecuencias tanto económicas como políticas y sociales ya se están dejando ver, empezando por la situación de los extranjeros en Reino Unido, que hasta hace poco podían vivir, trabajar y estudiar siempre que formaran parte de la Unión Europea, pero que ahora tendrán que pedir un permiso de trabajo o estudio especial.

Esto también afecta a los irlandeses, que son una comunidad muy numerosa en Gran Bretaña. El Brexit tendrá un gran coste, al menos en los primeros años, para las arcas británicas, lo que hará que las ayudas a estas personas se reduzcan. En la parte positiva, muchas empresas que antes estaban instaladas en Reino Unido han decidido cambiar su sede, o abrir otra, en algún país de la Unión Europea, para no perder las ventajas que otorga el pertenecer a esta organización. Irlanda es uno de los países favoritos para estas empresas, porque sus impuestos son muy bajos, atrayendo así mucho capital. En los últimos meses, Irlanda ha vivido un gran apogeo económico con la llegada de esas nuevas inversiones, pero el problema sigue estando en la frontera norte, la que separa el Ulster del resto de la isla, y que ha supuesto uno de los mayores puntos de conflicto en los tratados del Brexit.

Irlanda del Norte no se ha visto tan perjudicada

Cuando se cumplen cien años de la partición de Irlanda, después de la tensa Guerra Civil y la independencia de la actual República Irlandesa, el territorio denominado Irlanda del Norte se ha visto involucrado en este fuego cruzado entre Europa y Reino Unido, nación a la que pertenece desde hace un siglo. La historia de Irlanda del Norte no ha sido sencilla, porque en ella conviven tanto católicos como protestantes, partidarios unos de la unión con Irlanda, para mantener el territorio completo de la isla, y otros de la unión actual con el Reino Unido, que les ha favorecido al poder convertirse en británicos. Las negociaciones por este territorio no han sido sencillas, y  de hecho, se podría considerar que Irlanda del Norte ha tenido más suerte que Gales y Escocia, por ejemplo.

Y es que se han articulado acuerdos especiales para este territorio y por supuesto, también para sus ciudadanos, permitiendo que cualquiera de ellos retenga su nacionalidad europea siempre que haga vale la irlandesa. Los nacidos en Irlanda del Norte tienen derecho a la doble nacionalidad, tanto irlandesa como británica, lo cual les pone en una posición de ventaja frente a galeses, ingleses o escoceses, que solo pueden disfrutar de la segunda nacionalidad y quedan automáticamente fuera de todas las ventajas que ofrece ser “europeo”. La libre movilidad de estos ciudadanos norirlandeses en la frontera con Irlanda es una de esas grandes ventajas, pero la situación no ha sido vista como tan positiva por todos, y en los últimos meses ha habido altercados en las calles de Belfast que han vuelto a azuzar los fantasmas de la violencia vivida durante décadas en el territorio.

Dimisión de Arlene Foster

La situación social es equiparable a la política, donde también hay mucha incertidumbre y sobre todo, mucho malestar. El partido en el poder, el DUP, ha sufrido una gran revolución interna en los últimos meses, con críticas muy duras que provocaron la dimisión de la presidenta Arlene Foster, primera mujer en llevar las riendas de Irlanda del Norte. La política decidió abandonar su puesto después de ser criticada por una gran mayoría de los diputados de su propio partido, colocando a la región en una situación compleja, ya que ahora se deben realizar nuevas elecciones, y las trifulcas en las calles parecen arreciar cada semana. El futuro, sin duda, es más incierto que nunca en el Ulster.

El futuro de Irlanda

En cuanto a Irlanda, pareciera que el país ha salido beneficiado, al menos por ahora, de todo el Brexit. Irlanda puede convertirse en el nuevo interlocutor principal entre Estados Unidos y la Unión Europea, ahora que Reino Unido ya no está, lo que potenciaría su  imagen política internacional. Además, está recibiendo muchas empresas procedentes de Londres y otras partes de Gran Bretaña, que llegan a la isla esmeralda buscando mantener su posición de privilegio dentro de Europa, y también pagar menos impuestos, todo hay que decirlo. Irlanda es un país en pleno crecimiento y el Brexit puede haberse convertido en el espaldarazo definitivo para llegar a ser una de las economías más potentes de Europa.